domingo, 21 de septiembre de 2008

Experiencia de Desarrollo Endógeno

Paraguay, la República Popular y Heroica de Francia, López y Solano Por: Omar Roa Véliz*

El 15 de agosto, con Fernando Lugo asumiendo la Presidencia de la República de Paraguay, parece vislumbrarse el cierre de un oprobioso ciclo en la historia de la mediterránea nación suramericana, que se inició en 1870, cuando las aguerridas, pero diezmadas, fuerzas guaraníes fueron derrotadas por los ejércitos de la Triple Alianza de Brasil, Argentina y Uruguay, que bajo el estímulo del imperialismo inglés y las oligarquías de estos países, acabaron así con la primera y real república independiente de la América hispana, la del Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, Antonio López y Francisco Solano López, los dos primeros civiles, y el tercero, un militar influido por las ideas civilistas de su padre.
No es un exceso decir que Paraguay fue la primera y real república popular e independiente de la América hispana, porque, en efecto, no sólo se sublevó contra la monarquía española en mayo de 1811, sino que también sentó las bases del desarrollo económico que le permitió alcanzar el bienestar para su población y la independencia económica con respecto a los imperialismos dominantes en la época y especialmente del inglés, tan influyente en Suramérica, poniendo en práctica un modelo de “crecimiento hacia adentro”, que hoy podemos asociar con desarrollo endógeno.
El artífice de esa independencia política y económica guaraní, fue el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, jurista con estudios en Teología, quien desde el año 1814 ejerció, por decisión del Congreso, la Dictadura Suprema en el país, la cual, en 1816, también por decisión del mismo Congreso, se convirtió en Dictadura Perpetua, prolongándose hasta 1840, cuando muere el Dr. Francia, cuyo comportamiento político no fue distinto a la de otros gobernantes de repúblicas recién independizadas, con el elemento positivo de que su país transitaría un camino de estabilidad política y crecimiento económico que favoreció a las mayorías como nunca jamás volvería a verse luego de la Guerra de la Triple Alianza; siendo Francia un hombre austero y sin devaneos oligárquicos, que en el ejercicio privado de su profesión priorizó por los pobres, a pesar de provenir él de una familia acaudalada. Este personaje, innegablemente ejerció el poder de manera autoritaria y paternalista, pero con una importante base social de campesinos y pequeños propietarios, lo que le otorgaba un matiz popular a la República.
Durante la dictadura del Dr. Francia, se sentaron las bases para el crecimiento económico y social del país y se alcanzó un nivel de bienestar social superior a cualesquiera otros países del continente. La oligarquía terrateniente y comercial fue aniquilada como clase social, propiciándose la incorporación de sus elementos al trabajo productivo; se estableció un sistema de propiedad estatal sobre los grandes latifundios, incorporándose esas tierras a la producción con el trabajo de indígenas como campesinos; se respetaron prácticas indígenas de labor productiva de la tierra; se les indicó a los productores agrícolas estatales y privados los rubros y cantidades a producir, diversificándose la agricultura y lográndose el autoabastecimiento y la generación de excedentes, y en algunos momentos, una acumulación de capital que permitía la inversión en otras áreas agrícolas a los pequeños propietarios; se estimuló la pequeña industria y a la incipiente burguesía productiva, propiciándose la producción de manufacturas para el consumo interno y protegiéndosele de la competencia internacional mediante el control del intercambio comercial con el extranjero a los fines de impedir la entrada de bienes que eran elaborados en el país; la riqueza se distribuía con equidad, garantizándose el acceso de los pobres a los alimentos y a la educación (en 1828 se promulgó la ley que hacía obligatoria la educación hasta lo 14 años), lo que permitió que Paraguay, antes de la Guerra de la Triple Alianza, fuese el país más alfabetizado de América.
Ciertamente quedaron asuntos pendientes de solución como la esclavitud (fundamentalmente expresada en trabajo doméstico y abolida en 1842) y la marginalidad indígena, pero si observamos que la primera tardaría muchas más décadas en resolverse en el resto del continente y la segunda persiste en pleno siglo XXI en los países con población aborigen, se puede entender que aquello era un residuo colonial que la propia dinámica económica del país obligaría, por lo menos, a la abolición de la primera.
A la muerte del Dr. Francia, después de unos meses de pugnas políticas por el poder, accedió al mismo, el también jurista Antonio López, primero como Cónsul (alternándose con el otro Cónsul Mariano Roque Alfonso) desde 1841, y luego como Presidente de la República desde 1844, con varias reelecciones para dicho cargo, hasta su muerte en 1862. Si bien su gobierno liberaliza el sistema económico, porque en lo político actúa de manera también autoritaria, manteniendo la estabilidad política en el país, su gestión se desarrolla sobre los frutos de la obra del Dr. Francia, aunque con aportes propios al crecimiento económico del país. Se mantiene el modelo de desarrollo endógeno, aunque sin desperdiciar la oportunidad de colocar algunos excedentes en el extranjero, a la par de que se permite el ingreso de productos y tecnologías necesarias para el país. En la agricultura se introducen algunas reformas para favorecer la producción; se instala una fundición de hierro; se inaugura el primer ferrocarril en territorio sudamericano; se crean un astillero y una flota nacional; se flexibiliza y promueve el intercambio comercial internacional para lo cual suscribe acuerdos con EUA, Francia e Inglaterra, y hasta con la provincia argentina de Corrientes, pero procurando mantener condiciones favorables para la producción interna; se permite y propicia la instalación de imprentas y la aparición de un periódico; se mantiene la masificación de la educación primaria; jóvenes paraguayos son enviados a estudiar a Europa; es otorgada la ciudadanía a los indígenas; es abolida la esclavitud; entre otras medidas progresistas. Además, se mantiene una postura independiente frente a los vecinos Argentina y Brasil, aunque éstos no nieguen su interés sobre territorios guaraníes, al punto de no reconocer su independencia, a la par que se dejan influenciar por el imperialismo inglés, presente en sus países, e interesado en las potencialidades y mercado paraguayo.
Antonio López fallece en 1862 y es sucedido por su hijo, el brigadier Francisco Solano López, quien había cumplido funciones militares y diplomáticas en el gobierno de su padre, siendo el principal responsable de la modernización y profesionalización del ejército, así como encargado del establecimiento de relaciones con Gran Bretaña, Francia, Prusia y Cerdeña, y mediador en el año 1859, en el conflicto entre los gobiernos de Buenos Aires y la Confederación Argentina. Electo en 1862 como Presidente para un periodo de diez años, Solano López mantuvo la política económica de su predecesor y se puede considerar que no había intenciones de variación, porque de haber existido, el Paraguay no habría sido objeto de la conspiración imperialista británica y sus adláteres argentinos, brasileños y uruguayos, que derivó en el tratado secreto y guerra o, más precisamente, agresión de la Triple Alianza de 1865-1870 (Cristina Fernández de Kirchner la denomina la Triple Traición). En el trienio pacífico de Solano López (1862-1865) se prolongó la línea del ferrocarril, se fundaron nuevas escuelas, se otorgaron becas a jóvenes estudiantes para estudiar en Europa, se construyen el Teatro Nacional y el Palacio de Gobierno.
La connivencia del gobierno de Argentina con el Imperio de Brasil, con la complacencia uruguaya, impulsó al Paraguay a invadir a Uruguay y declarar la guerra a Argentina, hecho aprovechado por esos países para lanzar la agresión definitiva de la Triple Alianza contra los paraguayos, cuya nación resistiría aguerridamente durante cinco años la guerra, viendo morir a dos tercios de su población, que quedó reducida de alrededor de un millón doscientos mil habitantes, a más o menos 400 mil personas, de los cuales, apenas el 10% eran hombres, fundamentalmente niños, adolescentes y ancianos. Solano López dirigió a sus tropas, integradas por todo hombre (niño, adolescente, adulto y anciano) que pudiera cargar un arma, fuese piedra, macana, lanza, espada o fusil; y murió al frente de ellas, siendo la batalla de Cerro Corá, en febrero de 1870, la que sellaría la suerte de Solano López y del Paraguay popular, soberano e independiente, que fueron representados por el Dr. Francia, López y él, así como por los cientos de miles que dieron sus vidas por su nación, cual David guaraní enfrentando a un Goliat manipulado por el imperialismo inglés, que en esa oportunidad venció al entonces solitario país mediterráneo de América del Sur.

*omarroaveliz@hotmail.com
Licenciado en Historia-Abogado-Exdirector de la Defensoría del Pueblo
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